viernes, 11 de enero de 2013

IRSE DE LA VIDA DEJANDO PALABRAS


Hace poco recordaba a David Foster Wallace, el célebre escritor americano que se quitó la vida ahorcándose en el patio de su casa. Cuando su mujer lo encontró también halló su nota de suicidio: "Estoy cansado. Basta de palabras".

Siempre se ha dicho que el suicidio es un riesgo profesional de los escritores. 

La poetisa Safo de Mitilene se arrojó al mar por un amor no correspondido. También al mar, pero al mar de Plata se tiró Alfonsina Storni, después de que se le diagnosticara un cáncer.

En 1932, cuando se encontraba realizando en barco el viaje de vuelta desde México a Nueva York, a Hart Crane la tripulación le pegó una paliza por ser homosexual. Convencido definitivamente de que no podría ser feliz, se arrojó desde la borda del barco delante de decenas de testigos gritando: "¡Adiós a todos!".




En la última hora recordarás
con una sola sonrisa, amigos, enemigos.
Alma vana ¿Qué dirás al mar, al viento?
¿Qué dirás, angosto corazón frente a la pálida puesta de sol?

El autor de estos versos fue Kostas Karyotakis, que se lanzó al Mediterráneo con intención de no salir vivo. Tras pasar diez horas luchando por ahogarse, la marea lo devolvió sano y salvo a orillas de Prévesa (Grecia). Se fue a su casa, se duchó, desayunó y se fue a comprar una pistola. Se sentó a la sombra de un eucalipto y se pegó un tiro en el corazón. Tenía treinta y dos años y una amante poeta y futura suicida: María Poliduri.


Cesare Pavese tenía cuarenta y dos años cuando se quitó la vida en un sórdido hostal de Turín con dieciséis frascos de barbitúricos. En su cuaderno de notas dejó escrito: "Todo esto da asco, apesta. Sin palabras. Un gesto. No escribiré más". Mucho antes, en uno de sus exitosos libros había apuntado algo definitivo: "Ya no siento la vida como un descubrimiento..." 

El poeta colombiano José Asunción Silva, antes de apretar el gatillo, le pidió a un amigo médico que le perfilara con un lápiz el corazón en su camisa blanca. Por la tarde, colocó una esponja al costado de su frac, para evitar que la sangre le manchara la pechera.

Las últimas palabras que Gerald de Nerval escribió las dedicó a su tía: "No me esperen. Esta noche será blanca y negra". Después se ahorcó de una farola en una desolada calle de París. Llevaba el sombrero puesto. El cordón con el que perpetró el acto, había sido exhibido días atrás a sus amigos: "ha sido de la reina de Saba".

Henri Roorda necesitaba vivir con embriaguez. Terminó su obra Mi suicidio poco antes de matarse. Dejó escrito: "Amo enormemente la vida. Pero para gozar este espectáculo hay que ocupar una buena butaca, y en la tierra, la mayoría de las butacas son malas".

El autor de origen polaco Jerzy Kossinski, se metió en la bañera con gran cantidad de barbitúricos y una bolsa de supermercado que puso alrededor de su cabeza. Su nota de suicidio decía así: "Voy a dormir ahora un rato más largo del usual. Llamemos a ese rato Eternidad".

Yukio Mishima, se practicó el seppuku (harakiri), el trágico ceremonial de autoinmolación de los samurais, por amor al emperador de Japón en 1970.

Y Emilio Salgari, el creador de mis novelas de infancia Sandokan y El corsario negro, también se abrió el vientre con un cuchillo.

Pero de entre todos estos casos, hay uno que me impresiona, el del escritor suizo Robert Walser. De niño fingió su suicidio. El montaje de aquello fue una verdadera puesta en escena, tan real que los familiares lo creyeron y cayeron en la desesperación. Ésta fue la primera ficción que inventa el escritor, antes de querer convertirse en fallido actor.
Su suicidio verdadero tuvo lugar entre la nieve, cerca del manicomio donde estuvo internado una buena parte de su vida, en Herisau, capital del cantón de Appenzell. Walser tenía setenta y ocho años y murió el veinticinco de diciembre después de caminar solo por la nieve. En la foto final, el escritor es hallado muerto. Las huellas negras de sus pisadas contrastan con la nieve blanca. Alguien fotografió esa pose fatal que parece una muerte fingida, escenográfica, como aquél suicidio que montó en su infancia. Le encontraron en medio de espléndidos abetos cubiertos de nieve. Ya lo había escrito treinta y siete años atrás en Una historia navideña: "Ojalá me dejara cubrir por la nieve y yaciera sepultado en ella y muriese dulcemente".
Sobre su suicidio escribió: "Los niños enfermos o extraviados son más valorados que los que se saben seguros".

¿Por qué se matan los escritores?
Quizá porque les es dado ver la trastienda de la vida.
Tal como decía Albert Camus: "el suicidio es algo planeado en el silencio del corazón, igual que una obra de arte..."
Hay una alternativa al suicidio de los escritores. Yo lo practico: sacrifico a mis personajes, tal como hacía Shakespeare en sus obras.
Para todos aquellos que no tengáis personajes que sacrificar y que no viváis una vida de ficción, siempre os queda el personaje que sois cada uno de vosotros. Ese personaje que representáis en vuestro trabajo y con el que no os sentís cómodos.
Si no nos gusta ese personaje, ¡asesinarlo! Planear cuidadosamente su suicidio y dejar que la persona ocupe todo el espacio. Yo lo hice ocho años atrás.
Si no sois felices, no esperéis más: matad al personaje o cambiadlo por otro con el que os sintáis identificados.
Pero no penséis en iros antes de tiempo. Que perviva la persona, que siempre hay otro día, y otro sol.
Las nubes negras siempre desaparecen tras la tormenta y todos los fantasmas y todos los abismos terminan por desaparecer.
Siempre hay luz al final del túnel. Siempre.

Vivir el presente, no planear el futuro, tal como apuntó Borges:

el hoy es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno...

Hagamos nuestro propio Cielo en esta Tierra en la que estamos condenados a vivir como peces en la pecera. Pero recordad, siempre hay peceras más bonitas que otras...
Y lo mejor ¡está siempre por llegar!




5 comentarios:

  1. Impresionante estudio sobre la liquidaciòn personal. ojalá brotasen más personas o menos personajes, porque así veríamos más corazones como el tuyo. tienes mi voto como liberadora del interior de las personas, como te he visto hacer tantas veces. y ahora, sigue dibujando corazones en las camisas, que lo haces muy bien. un beso.

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  2. Respeto profundamente a los suicidas a lo
    mejor porque lo soy en potencia porque entiendo Que alguien decida que la partida debe acabar y ha llegado el momento del Game Over . Mi pobre amigo Arturo lo llevo a cabo y no tuvo la necesidad de despedirse , me enfade durante mucho tiempo no le perdonaba que ni siquiera me hubiera escrito una carta pero ahora se que no hacia falta que explicara nada A veces sueño con su silueta balanceandose colgado de su cinturón .

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  3. Un comienzo oscuro y muy dramático, ¡pero siempre le das la vuelta y lo iluminas! Gracias, guapa, por mostrarnos siempre que la felicidad está en nuestro interior y somos (hasta donde se puede) los dueños de nuestro destino. Un beso, S.

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  4. Impresionante Paloma, me has hecho pensar mucho, sobre todo por tu frase: "Si no sois felices, no esperéis más: matad al personaje o cambiadlo por otro con el que os sintáis identificados."

    ¿Nos atreveremos? ¿Me atreveré? Gracias por tu artículo.

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  5. Las palabras son patrimonio de todos los queremos usarlas y como propias debemos respetarlas. Cobran valor si nacen de nuestro interior, van dirigidas a alguien y cumplen un objetivo. Hablar por hablar. solo por satisfacer el ego de que se nos escuche, responde a la necesidad de ser foco de atenciòn constante.

    "Con los ojos del corazòn"es el titulo de una comedia mediocre. ¿Te inspiraste en ella para el tìtulo de tu blog?

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