lunes, 1 de noviembre de 2010

LA MÚSICA MISTERIOSA



Hay otro lenguaje que no necesita de las palabras para existir.
Para los pitagóricos, los tonos emitidos por los planetas dependían de las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor de la Tierra, de la misma forma que la longitud de las cuerdas de una lira determina sus tonos. Las esferas más cercanas producirían tonos graves, que se agudizarían a medida que la distancia fuera mayor. Lo más hermoso era que los sonidos que producía cada esfera se combinaban con los sonidos de las demás esferas, produciendo una sincronía sonora especial: la música de las esferas.

Aristóteles explica este concepto de música de las esferas: algunos pensadores suponen que el movimiento de los cuerpos celestes debe producir un sonido, dado que en la Tierra el movimiento de cuerpos de mucho menor tamaño produce dicho efecto. Afirman también, que cuando el sol, la luna y las estrellas, tan grandes y en tal cantidad, se mueven tan rápidamente ¿cómo podrían no producir un sonido inmensamente grande? A partir de este argumento y de la observación de que sus velocidades, medidas por sus distancias, guardan igual proporción que las consonancias musicales, aseveran que el sonido proveniente del movimiento circular de las estrellas corresponde a una armonía.

Un satélite de la Nasa ha confirmado la ancestral tradición de la música de las esferas: se ha descubierto que la atmósfera del Sol emite realmente sonidos ultrasónicos y que interpreta una partitura formada por ondas que son aproximadamente 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano.


http://www.youtube.com/watch?v=e3fqE01YYWs

(Estos sonidos de Júpiter grabados por la Voyager, son interacciones complejas de partículas del viento solar cargadas electromagnéticamente con la magnetósfera planetaria).



La música también es capaz de expresar una teoría científica y los pensamientos complejos. La experiencia más llamativa es la del histoquimico Howard M. Saphiro, quien en la conferencia anual de la Sociedad Histoquímica de Chicago, subió al estrado con una guitarra y explicó su trabajo en 17 estrofas. La canción recogía la introducción, la metodología, los resultados, las discusiones y reconocimientos suscitados por su investigación.

El escritor Wolfgang Goethe escuchó música en su lecho de muerte. Las personas que le acompañaban aquella noche de marzo también dijeron haber escuchado música celestial: su cuñada, una condesa amiga, el mayordomo Jean, el médico que certificó la muerte y su ayudante escucharon una música misteriosa de procedencia desconocida en diferentes estancias de la casa. Dicen que cuando el creador de Fausto cerró los ojos, el cráneo de su amigo Schiller, el que Goethe mantuvo siempre sobre su mesa de trabajo, rodó por el suelo.

Siempre he creído que sólo vemos lo que estamos preparados para ver. Se que existen otros ojos que son capaces de percibir la misteriosa música que anida entre las flores, los pájaros y las plantas. Ese sonido atávico del mar, del viento y de los planetas.

¿Y si la naturaleza intentara transmitirnos algo y nosotros no consiguiéramos verlo ni escucharlo?
¿Qué pasaría si nos entrenáramos para ver y oir las cosas de manera diferente?


http://www.youtube.com/watch?v=bDUNrEBOurM
(Estamos unidos a la naturaleza por lazos que no se pueden romper).



Hasta pronto

Paloma

2 comentarios:

  1. Preciosa tu investigación sobre la música. Un beso, Cristina Salas.

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  2. Me alegra saber que todavìa hay personas en este mundo que no han cerrado los oidos ni los ojos del corazòn. Esta investigaciòn refleja perfectamente tu piensamiento... lo esencial es invisible a los ojos... y yo también lo creo profundamente! Sigue siendo asì, eres parte del lado mejor del mundo que junto a los ninos contribuye a dar fuerza a las personas que por si mismas no la tienen!
    Un abrazo desde Italia, Dorotea.

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