viernes, 3 de junio de 2016

El desconocido corazón de Marie Curie

"Querido Pierre, a quien nunca volveré a ver aquí, quiero hablarte en el silencio de este laboratorio, donde no pensaba que tendría que vivir sin ti".
Con estas palabras Marie Curie inicia su diario. Era el 30 de abril de 1906.
Su marido Pierre, con quien había compartido pasión científica y un Premio Nobel, acaba de morir. Su cerebro privilegiado yace desparramado en el suelo de una calle encajonada del viejo París, confundido con el barro y la lluvia, entre el fango: un carro de seis toneladas le ha pasado por encima.
En casa, Marie, ajena a la desgracia piensa en Pierre y se lamenta de haberse despedido de forma tan precipitada aquella mañana.
¿Por qué será que la muerte nunca avisa despedidas?



La primera vez que Albert Einstein vio a la científica polaco francesa, le pareció inteligente pero tan fría como un pez.
¿Fría? No, su corazón contenido en una probeta de cristal del laboratorio donde fue tan feliz con su amado Pierre, se liberó como mariposa en las páginas de su diario. 
Mientras descubría el radio y el polonio, también se dejaba sorprender por los abenuces en flor y las glicinas, como narra en las páginas.
Toda apariencia esconde un corazón.
"Mi hermoso, mi bueno, mi querido Pierre amado. ¡Oh, la nostalgia de verte, de ver tu sonrisa bondadosa, tu dulce rostro, oír tu voz grave y dulce, y de apretarnos el uno contra el otro como hacíamos a menudo"! 
Pierre le pidió matrimonio a Marie con estas palabras: “¿Qué sería pasar la vida el uno junto al otro? Hipnotizados con nuestros sueños: tu sueño patriótico, nuestro sueño humanista y nuestro sueño científico” 

El sueño...

Porque quizá todo sea parte de un sueño, como adelantó Poe: Todo lo que vemos o imaginamos es sólo un sueño dentro de un sueño.

En mi libro Memento Mori pongo esa idea en boca de uno de mis personajes...

ANA SLEEPY

¿Y si esto no fuera definitivo,
y si sólo fuera un dulce letargo,
un sueño del que al final uno despierta
con los miembros entumecidos
y los ojos soñolientos?                                              
¿Y si después de estar enterrado, 
soñando con la vida,
a muchos metros de profundidad,
en la oscuridad estigiana,
uno despertara 
y después de beber las aguas del Leteo para olvidar,
resucitara del mundo de los muertos
como aquel pez,
el pez pulmonado,
el que duerme enterrado en un sudario de barro
y que de pronto resucita
cuando la lluvia remueve su costra dura?

¿Y si fuéramos como ese pez 
y renacer,
renacer y nadar en un mar sin orillas
donde corrientes erráticas
nos empujaran de nuevo a la vida
y soñar,
sólo soñar con la muerte?


Sócrates, maestro de Platón, fue condenado a muerte, acusado de pervertir con sus ideas a los jóvenes. Antes de beber la cicuta, leemos en el Fedón que dice:
“La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que está muerto no es nada ni tiene sensación de nada, o bien, según dice, la muerte es precisamente una transformación, un cambio de morada para el alma de aquí a otro lugar. Si es una ausencia de sensación y un sueño, como cuando se duerme sin soñar, la muerte sería una ganancia maravillosa…pero ya es hora de marcharnos, yo a morir, vosotros a vivir. Quién de nosotros se dirige a una situación mejor es algo oculto para todos, excepto para el dios”.
La última anotación del diario de Marie Curie es reveladora: 




"Hace un año. Vivo para sus niñas, para su padre anciano. El dolor es sordo, pero sigue vivo. La carga pesa sobre mis hombros. ¿Cuán dulce sería dormir y no despertar más? ¡Qué jóvenes son mis pobres cariñitos! ¡Qué cansada me siento! ¿Tendré todavía el coraje de escribir?" 

Marie, esa niña inteligente, solitaria, esa niña pobre que siempre tenía frío. 
La joven que sorteó dificultades para poder estudiar en un mundo sólo de hombres, la primera profesora de La Sorbona, la primera doctora en Ciencias y la primera mujer en recibir el Nobel.
Marie, la mujer que consiguió el mayor premio de todos, el amor, murió envenenada por el radio a los sesenta y siete años. Fue enterrada junto a Pierre en el Panteón de París (también fue la primera mujer en eso).
"Me senté junto a ti y me tumbé, atravesada sobre tu cuerpo. Estábamos bien, yo sentía cierto remordimiento por si estabas cansado, pero te notaba feliz. Y yo misma tenía esa sensación que había experimentado a menudo durante los últimos tiempos de que ya nada nos turbaba. Me sentía en calma y llena de una ternura dulce hacia el excelente compañero que estaba allí conmigo, sentía que mi vida le pertenecía, que mi corazón rebosaba cariño hacia ti, mi Pierre, y me hacíafeliz sentir que allí, a tu lado, bajo aquel sol hermoso y frente a aquellas vistas divinas del valle, no me faltaba nada".


¿Tan fría como un pez?
Einstein se equivocó!

martes, 3 de febrero de 2015

Táctica y Estrategia

Ya lo expresó de forma magistral Mario Beneditti en su poema:



...táctica y estrategia.

Primero mirar al otro, aprender cómo es el otro, querer al otro.
Después construir con palabras puentes de comunicación.
Luego quedarnos en la mente y en el corazón de la otra persona.
Sin simulacros, siendo auténticos.
Eso sería la táctica, el modo en el que dispongo los recursos para conseguir un fin.
La estrategia es el plan maestro, ese fin.

No se alejó el poeta de lo que tenemos que hacer para convertirnos en la opción preferente en la mente de los demás...

Conocerlos, aprender de ellos, de sus necesidades, de sus gustos, demostrarles que de verdad nos importan. No juzgarles sino quererles más y mejor.

Practicar una comunicación emocional y transformadora, utilizando palabras positivas, estimulantes. Escuchar más que hablar, poner atención a los silencios. Manejar la comunicación como una forma de influencia no sólo como un mero intercambio de información.

Lograr quedarnos en su recuerdo, al igual que hacen las buenas marcas. Ser la opción preferente. Demostrar que nuestras diferencias constituyen una valiosa ventaja competitiva que podemos poner a su servicio.

Ser más persona que personaje. Nunca mentir. Sin vendernos, más bien poniendo en valor lo que somos y lo que hacemos. Siendo auténticos.

Nuestra estrategia debe ser que nos necesite, que nos desee. Un deseo es al fin una necesidad que toma la forma de un producto, un servicio, una marca, una empresa...
Por eso es esencial aprender a dejar nuestra huella en los otros, gestionar nuestro elemento diferencial, desarrollar nuestra propuesta de valor.

Debo confesar que soy transcendentalista.
Para mí el alma de cada persona es idéntica al alma del mundo y contiene lo que el mundo contiene.
Emerson, Walt Whitman, Thoreau, Herman Melville, algunos de mis escritores favoritos eran fervientes seguidores de esta filosofía que pretende una síntesis entre religiosidad e idealismo romántico, entre la visión mística y la lucidez pragmática.
La verdad se puede percibir a través de la intuición, ya que el ser humano no está separado de Dios, que a su vez está presente en la Naturaleza.
Emerson desarrolló conceptos tan fundamentales como la noción de oversoul o mente universal y de inner light o luz interior, además de reflexionar sobre la fuerza modeladora de las leyes naturales, los derechos individuales y la concepción del lenguaje como símbolo de las realidades espirituales.



Mi táctica es aprender a mirar el mundo con otros ojos, escuchar al corazón con otros oídos...
Es compartir la alegría, es amar para transcender...
Mi táctica es ser yo misma, cada vez un poco mejor yo...

Mi estrategia es conseguir ser feliz, luchar cada día por la felicidad, aunque no tenga la ventana abierta por donde penetra la brisa del verano, aunque la luz de las personas que amé siga sólo en mi corazón, aunque a veces sea difícil hacer y mantener la magia en días grises...

¿Cual es tu táctica y tu estrategia?







lunes, 25 de agosto de 2014

Las olas de la vida y un recuerdo a J.J.B.Q.

Hay un pequeño cementerio en Nazaré (Portugal).
Está situado en Pederneira, en la parte alta de la montaña, desde donde se ve el mar y cómo las olas amenazan un faro a lo lejos.
También desde allí se contempla la lenta subida del funicular mientras el humo de las sardinas asándose en las calles envuelve el aire con un vaho denso.
Allí, en ese cementerio, entre panteones que albergan sarcófagos cubiertos de colchas blancas y túmulos rematados de ángeles que se alzan hacia el cielo, encontré una pequeña tumba: J.J.B.Q.
Una fotografía de un hombre aún joven, en la mitad de su vida, con ojos verdes de océano y semblante sereno me miraba complacido: un pescador al que se llevó el mar.
Era una tarde cálida de agosto y yo me acababa de tomar un châ de limaô en una tasca cercana. Entré en el cementerio pensando en la vuelta al trabajo, en las preocupaciones a las que tendría que hacer frente cuando regresara de mis vacaciones.
En el camposanto, desde aquella tumba blanca, pulcra y llena de conchas y corales en vez de flores, me miraba el pescador desde su fotografía y me decía, sin palabras, que la vida también es un mar inmenso, proceloso, donde es fácil naufragar. Me decía que las olas también son grandes y que nuestra alma es un pequeño barco, a veces a la deriva, pero que hay que seguir luchando, sorteando olas cada vez más grandes y difíciles.
Cuando salí del cementerio me acerqué al mirador para contemplar el océano, que a esa hora era dorado. Los surfistas se empeñaban en domesticar las olas, pero para eso, esperaban con paciencia la ola perfecta para cabalgar sobre ella.
Cuando aquella gran ola llegaba, no enfrentaban resistencia, se ponían lentamente en pie en su tabla, guardando el equilibrio y dejaban que la fuerza de la ola los empujara hacia arriba, hacia la rizada espuma, donde se encaramaban y danzaban hasta que la ola perdía fuerza, desvaneciéndose en la orilla.
¿Que podemos aprender de los surfistas?
Que en la vida también hay olas gigantes que hay que superar, que a veces no utilizamos la fuerza de las dificultades para que trabajen a nuestro favor porque nos resistimos queriendo cambiar cosas que no se pueden. Pero si cambiamos la forma de ver nuestra ola, ésta cambiará de forma.
No dejemos pasar las oportunidades: los surfistas esperan con paciencia a la ola perfecta y no la dejan pasar.
El esfuerzo, la preparación es la antesala del talento, preparémonos para coger nuestras olas. Y no importa cuantas veces nos caigamos, lo que realmente importa es todas y cada una de las veces en que nos levantamos sobre nuestra tabla.
Decía Zaryn Dentzel, surfista, creador y presidente ejecutivo de Tuenti, que los que conocen el surf saben que para coger la ola hay que estar en el sitio adecuado, pero también remar fuerte para mantenerse en ella.
Y ya puestos en medio del océano de la existencia, compartamos nuestra vida con seres especiales que nos quieran, no por lo que hacemos o poseemos, sino por lo que somos, esas personas con las que no tenemos que fingir porque nos aceptan con nuestros errores. Hay algo esencial en la vida: no importa tanto lo que haces, sino con quien lo compartes. Busca buenos compañeros para cabalgar las olas.
No nos tomemos todo tan en serio, al fin y al cabo, como decía Mark Twain, ¡no vamos a salir vivos de ésta!
Pero mientras estemos en la vida, disfrutemos también entre las olas difíciles, que eso constituya un reto diario donde podamos medir nuestra fuerzas una y otra vez. Se trata de respetar tus miedos, pero de enfrentarte a ellos con coraje y esperanza, tal como decía Tennyson en su poema:


Venid amigos míos,
aún no es tarde para buscar un mundo más nuevo.
Desatracad, y sentados en buen orden amansad
las estruendosas olas; pues mantengo el propósito
de navegar hasta más allá del ocaso, y de donde
se hunden las estrellas de occidente, hasta que muera.
Puede que nos traguen los abismos; puede
que toquemos al fin las Islas Afortunadas y veamos
al grande Aquiles, a quien conocimos. Aunque
mucho se ha gastado mucho queda aún; y si bien
no tenemos ahora aquella fuerza que en los viejos tiempos
movía tierra y cielo, somos lo que somos:
corazones heroicos de parejo temple, debilitados
por el tiempo y el destino, más fuertes en voluntad
para esforzarse, buscar, encontrar y no rendirse.

Cuando llegué a Madrid, los ojos de aquél triste pescador portugués me acompañaron, y aún ahora lo siguen haciendo.
Me pregunto a qué olas tuvo que enfrentarse él, pero lo cierto es que yo estoy viva, que no he sucumbido a las tempestades, ni a los tsunamis de mi vida, y eso es lo más importante a la hora de seguir cabalgando mis olas, ¿no lo crees tú así?

lunes, 31 de marzo de 2014

Adolfo Suárez: el último samurai

Los samurais fueron una élite militar que gobernó Japón durante cientos de años.
La palabra Samurai significa “el que sirve”.
Los samurais eran expertos en el arte de la espada, el arco y la lanza, pero también eran maestros cultivando otras disciplinas como la pintura, la poesía, la caligrafía, la música, la arquitectura o el arte floral. 
Su código de conducta estaba inspirado por el Bushido,  "el camino del guerrero".
 
Estos son los siete principios que rigen el código del Bushido: 

Yu (coraje, valor heroico) "ocultarse como una tortuga en su caparazón, no es vivir."
Rei (cortesía) "un alma sin respeto es una morada en ruinas." 
Jin (compasión) "el poder que desarrolla un hombre debe ser usado en bien de todos." 
Gi (Justicia) "sólo existe lo correcto y lo incorrecto." 
Meiyo (honor) "la muerte no es eterna, el deshonor sí." 
Chugo (lealtad) "un perro sin amo vagabundea libre. El halcón de un Daimyo (señor feudal) vuela más alto."
Makoto (sinceridad, verdad) "las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya. Cuidado con el camino que sigues."

Adolfo Suárez se ha ido. Ha dejado este mundo sin ser consciente del boato ni de la gloria.
Él hizo lo que debía hacer, como un samurai, y luego desapareció entre la bruma, con los recuerdos ocultos bajo una espesa niebla que tiene nombre alemán: Alzheimer.
Murió sonriendo, quizá porque en ese último momento atravesó como un rayo la memoria de su vida y pensó que ningún homenaje es preciso cuando un hombre hace lo correcto.

Todos nuestros políticos deberían tener en su mesilla un ejemplar de Hagakure (literalmente "oculto bajo las hojas"), esa guía para vivir en resonancia con la impecabilidad del guerrero, del samurai, del que sirve. 
Esas reflexiones del maestro samurai Yamamoto Tsunemoto, deberían impregnar las noches y los días de los llamados a servir al pueblo y no a ellos mismos.

Adolfo Suárez pertenecía al aguerrido linaje de los que pueden darnos lecciones de nobleza, honor y determinación.

El Hagakure nos sugiere una impecable filosofía de vida: "Incluso si fueses súbitamente decapitado, deberías ser capaz de realizar con destreza una última acción", recomienda Tsunemoto.

Ya no hay clase política, ya no hay guerreros. Suárez fue el último samurai y creo que murió sin saberlo, o a lo mejor si lo supo al final y por eso sonreía.
De sus labios no salió una palabra.
Según Tsunemoto "para un samurai una sola palabra es de gran importancia. Mediante una sola palabra el valor marcial puede hacerse evidente. En tiempos de paz tus palabras demostrarán valentía. En tiempos problemáticos, también. Uno sabe que una sola palabra puede evidenciar la cobardía o el valor de una persona. Esa sola palabra es como la flor de tu corazón. No es algo que alguien dice simplemente, con su boca".

Yo era pequeña cuando España se unió bajo el sentido común y la generosidad de alguien que puso los intereses de una nación por encima de los suyos propios.

Ahora ya no está, pero yo sí tengo una última palabra para él:

GRACIAS



martes, 21 de enero de 2014

Meishi

En documentos históricos de la dinastía Tang, en China, ya aparecen las Meishi.

Las Meishi son tarjetas de visita.
Cuando una persona visitaba a alguien que estaba ausente de su casa, se insertaba una tabla de madera o de bambú con su nombre escrito en la entrada para que quedara constancia de su visita.
De esta costumbre china, proviene el nombre de "Meishi", que quiere decir "Insertación del nombre". La tableta también se usaba para solicitar una entrevista con un oficial de alto rango del gobierno.
En Japón, a finales del régimen militar del shogunato de los Tokugawas, algunos samurais comenzaron a tener tarjetas impresas con su nombre y su escudo de armas

En las reuniones en Japón, los japoneses entregan las tarjetas de visita en una especie de ritual que implica tomarlas y ofrecerlas con ambas manos. Cuando recibes la tarjeta, lo correcto es leer en alto el nombre o decir las siguientes palabras: Yoroshiku onegai itashimasu (te pido tu favor).


Cuentan que Keichu, el gran maestro zen de la era Meiji, estaba al frente de Tofuku, un gran templo de Kyoto y que un día, el gobernador de la ciudad le llamó por primera vez.
Su ayudante le presentó una tarjeta del gobernador que decía: "Kitagaki, gobernador de Kyoto".
-No tengo nada que ver con esa persona -dijo Keichu a su ayudante-. Dile que se vaya.
El ayudante devolvió la tarjeta al tiempo que ofrecía excusas.
-Ha sido un error mío -dijo el gobernador, y con un lápiz tachó las palabras "gobernador de Kyoto"-. Toma, dásela de nuevo a tu maestro.
-Ah, ¿se trata de Kitagaki? -exclamó el maestro cuando vio la tarjeta-. Quiero ver a ese hombre.

A veces olvidamos que lo más importante es lo que somos, no lo que hacemos, por eso es esencial crear y desarrollar nuestra propia Marca Personal.
Para ello lo primero de debemos hacer es pensar sobre nosotros, sobre nuestras capacidades y fortalezas y hallar nuestro elemento diferencial.
Es fundamental para poder poner en valor lo que hacemos.
Tanto si estamos trabajando como buscando trabajo, el poseer una fuerte marca personal nos ayudará a posicionarnos en la mente del otro como la opción referente.
Muchas personas creen que tener Marca Personal es tener muchos contactos en Linkedin, pero eso es sólo la punta del iceberg.
Nuestra marca debe revelarse auténtica y debe cumplir los parámetros de fiabilidad y  utilidad. Luego debemos hacerla visible.
Eso entraña ser diferentes también en nuestra tarjeta de visita. Componerla con un diseño y un formato atractivo e inspirador.

Pero sin olvidarnos que lo más importante es reflejar bien lo que somos, los valores en los que creemos y reforzar nuestra persona, porque es independiente de nuestro cargo.

Y tú, ¿qué pondrías en tu tarjeta de visita?



viernes, 20 de diciembre de 2013

Volver a ser un niño...

Recuerdo las navidades en casa de mis padres, los ritos, los dulces, la ilusión...
Mis sueños...
Todo aquello en lo que quería convertirme cuando fuera mayor (cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, contestaba: "pequeña").
Las ilusiones estaban intactas, la vida aún no las había desgastado.
Ahora, la Navidad es distinta. Nos sorprende en medio de las obligaciones diarias y nos obliga, casi con un empujón, a hacerle un hueco en medio de nuestras tareas que siempre parecen las más importantes.
No tenemos tiempo para pensar en nosotros, en lo que fuimos, en lo que queríamos ser, en lo que nos hemos convertido.
Bohumil Habral
La niñez es un angosto pasillo oscuro al que miramos desde lejos, pero ya no podemos recorrer.
Hace poco vi un mural callejero. Había una figura en él: un niño, encerrado en el cuerpo de un anciano. Era el gran escritor checo Bohumil Habral. A su lado una frase que nos habla de ese mundo perdido, que ahora ya es horizonte pasado: 

"Estoy de pie aquí, la frente coronada de mil arrugas, estoy aquí de pie, como un viejo San Bernardo, y yo miro a la lejanía, muy lejos, hasta el confín de mi infancia..."

¿Por qué será que la infancia ejerce ese mágico influjo sobre nosotros?
El autor de El Principito, Antoine Saint-Exúpery, nunca dejó de ser un niño. Aquél "principito" expulsado de su infancia, escribió cosas como estas: 

"Retrocedía hasta mi infancia para encontrar el recuerdo de una protección soberana. La protección no existe para los hombres. Una vez hombres, se nos deja solos."

¡Qué gran verdad! Se nos deja solos.
Ya no están tus padres tapándote antes de dormir, ni ocupándose de protegerte de la vacuidad del mundo. Ya no hay nadie que se preocupe de qué comerán los camellos de los tres Reyes Magos cuando lleguen a ponerte los regalos...
Mi madre y yo

Debe ser cierto que en cada hombre hay un principito exilado de su planeta: la infancia, ese gran territorio de donde cada uno hemos salido. Una vez hombres, rodeamos por fuera el jardín amurallado de nuestra infancia, con la certeza de que jamás podremos saltar esa valla enorme y entrar de nuevo en ese infinito de horas y días de veranos eternos y sueños por cumplir. Ya no podemos entrar en el juego.
El Principito del cuento conservaba aún el secreto para volver a entrar, es por ello que pudo regresar a su planeta para cuidar a su rosa.
Aquí, ahora, ya hechos hombres, estamos inmersos en el día a día y hemos olvidado los juegos y los sueños.
Pero aquí, ahora, en esta Navidad podemos regresar de nuevo al juego.
Sólo tenemos que escuchar a  nuestro corazón, sin traicionar al niño que fuimos, al hombre en el que queremos convertirnos.
Dejemos a un lado el dinero, no seamos como el poseedor de estrellas que conoció el Principito:

- ¿Y de qué te sirve poseer las estrellas?
- Me sirve para ser rico.
- ¿Y de qué te sirve ser rico?
- Me sirve para comprar más estrellas.

Escuchemos a nuestro corazón y sepamos si estamos en el camino correcto para no defraudar al niño que se esconde en nosotros. ¿Estamos siguiendo nuestra vocación? ¿Hemos cumplido nuestros sueños o los hemos aparcado, abandonado? ¿Sabemos lo que buscamos?

"Únicamente los niños saben lo que buscan. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran..."

Volvamos a ser niños, volvamos a tener ilusiones, regresemos, aunque sea sólo por un instante navideño a nuestra infancia cuando los sueños estaban intactos y preguntémonos si aquello a lo que nos queríamos dedicar cuando éramos pequeños, es a lo que nos estamos dedicando ahora.
Con seis años apunté en mi diario que quería ser escritora...

¡Feliz Navidad! y ¡Feliz Regreso!


lunes, 30 de septiembre de 2013

Autumn Song

Ha llegado el otoño y con él los días más cortos, las noches más largas, el frío, la lluvia, las pisadas entre las hojas vencidas... 

El poeta Ángel González lo describe muy bien en su poema El otoño se acerca:

El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.
                               
                                                           


El nombre otoño proviene del dios egipcio Atum-Ra, que simboliza el sol que se oculta en la tierra. Este dios, relacionado con la creación, era representado en la iconografía, como un hombre que portaba la doble corona (como los faraones), aunque también era habitual que se le presentara como un ave fénix.

El otoño representa la madurez. Las hojas de los árboles cambian y su color verde se vuelve amarillento, se secan y caen ayudadas por el viento que sopla con mayor fuerza. 

Como diría Pablo Neruda pasó la hora de las espigas, el sol ahora convalece, atrás queda el calor, la luz, el cálido sopor de los días sin fin, pero necesitamos el otoño.

Necesitamos hacer planes y recogernos en nuestros pensamientos para poder sembrar.
Necesitamos aprender que el sol siempre está ahí, detrás de las nubes, detrás de la lluvia, en nuestro interior, y que como el dios egipcio, como el ave fénix, precisamos renacer, porque el subsistir siempre en la luz, nos impide conocer las sombras en las que crecemos.

Aprovechemos el otoño, para hacer planes, para luchar por nuestros sueños, para renovarnos por dentro y por fuera, para amar y volver a hacerlo, para encontrarnos de verdad con nosotros mismos y así poder enfrentar nuestra propia vida, sin artificios, ni multitudes, sólo nosotros, nosotros solos...

Hagamos como Mario Benedetti:

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
enfrentemos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran

ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda

aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha


Mi madre cantaba siempre al verano, porque su corazón era de luz, pero aprendió a amar el cálido sol de membrillo del otoño, ese sol que no quema, que no agosta y que te calienta el interior.

Calentémonos en ese sol y renazcamos y cantemos al otoño como hacen Manic Street Preachers en su Autumn Song:




   Así que cuando oigas ésta canción de otoño, despeja tu cabeza, y prepárate para correr. 
 Cuando oigas ésta canción de otoño, 
recuerda que los mejores momentos estarán por llegar 




domingo, 7 de abril de 2013

EL EFECTO LOTO



Según la mitología griega, una hermosa diosa huyó al bosque y fue a parar a un extraño lugar. Allí los árboles extendían sus frondosas ramas hacía un profundo marjal de aguas oscuras. 
La diosa se miró en el lago y cayó en él. Se hundió. 
El estanque se llamaba Loto y era el lugar destinado para los fracasados y perdedores en la vida.

La diosa estuvo durante siglos hundida, sumergida entre el fango de la oscuridad estigiana.
Sus pensamientos se volvieron también opacos, pero nunca dejó de luchar.
La joven diosa luchó durante siglos y al fin logró salir de aquellas aguas en forma de una hermosa flor de largos pétalos.

La flor de loto ha sido un símbolo de renacimiento en diferentes culturas. Para los egipcios, esta flor está ligada al amanecer y ocaso del sol, ya que sus pétalos sólo se abren cuando sale el sol y se cierran cuando oscurece. Representa el renacimiento después de haber superado los obstáculos. Los egipcios la llamaban sesen.

El loto también es símbolo del nacimiento divino para los hindúes. El dios Brahma emerge del ombligo de Vishnú, sentado sobre una flor de loto, para crear el universo.
Los japoneses la consideran una imagen de moralidad. 
Porque la flor de loto nace entre el barro para abrirse pura y perfecta cada mañana. El fango no logra tocarla, no consigue "mancharla". Sus hojas repelen el agua. La superficie de la flor de loto está organizada a nivel nanométrico, de tal manera que repele cualquier tipo de líquido, evitando su adhesión. 

¿Por qué no aprendemos de la flor de loto?
Vivimos entre agua estancada. Estamos rodeados de personas que no paran de decirnos que es imposible salir de la crisis, y el fango cubre nuestros sueños, nuestras ilusiones. Nos sentimos perdedores en un lago profundo, de donde cada vez es más difícil salir.
Yo os propongo que practiquemos el efecto loto. No dejemos que la oscuridad nos toque. 

Que todo aquello que nos impide avanzar resbale por nosotros como si nunca hubiera existido. 
Que nos blindemos ante la adversidad, como hace el loto.
No podemos evitar estar en las aguas estancadas de la crisis, pero no consintamos que eso toque nuestra pasión por seguir. 
Renazcamos cada día. Hagamos de cada día una oportunidad para seguir aprendiendo, para seguir creciendo.
La flor loto nace de entre el barro para abrirse pura y perfecta. Hagamos nosotros lo mismo. 
Vivamos como un loto en el agua. Cultivemos el efecto loto.
Así como la flor de loto se abre paso desde el fondo de la oscuridad del estanque, también nosotros podemos elevarnos desde el desánimo y la tristeza. Liberarnos de la corriente tenebrosa de las personas tóxicas, de la gente que no quiere que avancemos, de nuestros propios pensamientos limitantes. Alcanzar el renacimiento cada día y emerger puros e inocentes, con todas nuestras ilusiones intactas. 
Luchemos, como la diosa griega, incansablemente contra el fracaso, aprendamos de él y superémoslo.
Somos lo que pensamos que somos.
Sed loto, merece la pena.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Venga ¡LEVÁNTATE!



"Un hombre subió al cielo. A la vuelta contó que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo: somos un montón de gente, un mar de fuegos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales: hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fatuos, no alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca a ellos 
se enciende".

En este texto se encuentra la filosofía de la resiliencia.

Todos nosotros tenemos dentro una gran luz, un gran potencial para desarrollarnos, pero a veces nos dejamos abatir por las dificultades o por las opiniones ajenas.

La resiliencia es "la capacidad de un individuo de reaccionar y recuperarse ante las adversidades, lo que implica un conjunto de cualidades que fomentan un proceso de adaptación exitosa y de transformación, a pesar de los riesgos y de la propia adversidad ".

La resiliencia es un concepto que nace originalmente es del campo de la física: es la capacidad de los materiales de volver a su forma original, cuando han sido forzados a cambiar o deformarse.
También encuentra su inspiración en el cuento de Cristian Andersen “El patito feo”.
Aquél patito, inicialmente despreciado por otras aves, llegó a convertirse en un bello cisne.

Algunas de las mejores historias de éxito de todos los tiempos tuvieron  el nacimiento y la razón de su éxito en el fracaso.


El diagnóstico escolar que dieron a Einstein fue singular: “muchacho mal adaptado, sin amigos, alumno problema, este chico va a tener serios trastornos mentales cuando sea adulto”.


El padre de Charles Chaplin murió alcohólico. Su hijo fue criado en una institución para niños pobres. Todo el mundo le decía que no llegaría a nada, pero se convirtió en un excelente actor y director de cine. 

Beethoven componía música a pesar de su sordera. 

Ana Frank, la niña judía de doce años condenada a vivir oculta en su casa de Amsterdam para escapar de los nazis, escribió un diario donde aparecen expresiones como “yo puedo”, “yo podré alcanzar”, “quien tiene coraje y confianza no zozobrará jamás en la angustia”.


Howard Schultz fue rechazado 214 veces antes de encontrar un inversionista interesado en Starbucks.

La Universidad del Sur de California rechazó a Steven Spielberg para su escuela de cine.

La autora de Harry Potter enfrentó pobreza y enfermedad antes de encontrar el éxito, experiencias que según los expertos la impulsaron a llegar a la cima gracias a su creatividad. Entre 1990 y 1996, Rowling presentó su escrito a 12 casas editoriales sin ningún éxito.

Disney trabajaba en un Diario, y el director lo despidió por ¡falta de ideas, de creatividad, de imaginación! También quebró varias veces antes de poder construir Disneylandia.

En 1954 Jimmy Denny, manager del Grand Ole Opry, echó a Elvis Presley después de una actuación. Le dijo: "No vas a llegar a ninguna parte, hijo. Deberías volver a manejar un camión."

Palabras de Michael Jordan: “He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para hacer el tiro que ganaba el juego y lo fallé. He fallado una y otra vez. Pero nunca me he dado por vencido. Y es por eso que he tenido éxito en la vida.”

El miedo puede limitarnos, pero el miedo al fracaso nos inmoviliza.
Pensamos que el éxito y el fracaso son los dos elementos que nos califican como personas: si tengo éxito soy una persona valiosa, si fracaso, no valgo nada y la gente me va a criticar o rechazar.

El éxito y el fracaso son sólo resultados de una conducta o una decisión adecuada o inadecuada, correcta o incorrecta.

"Fracasar”, etimológicamente, significa “hacerse pedazos” (como “fraccionar”). Y cada vez que uno, como el dios egipcio Osiris, recoge luego sus pedazos, tiene la oportunidad de elegir con cuál de ellos quedarse. De descartar lo que no nos sirve para ser quienes necesitamos ser. El fracaso nos muestra lo accesorio, lo inútil, lo mal aprendido, lo que tergiversa nuestra identidad.

La palabra “éxito” significa “salida”. Pero el éxito mayor es salir de nuestros fracasos siendo mejores personas. Mirar de frente y sentirse digno porque se hizo del fracaso una oportunidad de acrecentar nuestra fortaleza. Ser resilientes.

Edison falló 10.000 veces antes de haber logrado el filamento de carbón, que se utiliza en los focos de luz. Un reportero le preguntó, después del intento número 5.000, si se sentía desalentado.
Edison contestó que no había fallado 5.000 veces, sino que había triunfado al determinar 5.000 maneras en las cuales no funcionaba.
"Lo que significa, comentó, que me encuentro 5.000 pasos más cerca de descubrir cómo hacerlo funcionar".
Los científicos más importantes de ese momento, escribían artículos en donde opinaban que Edison perdía su tiempo. Pero Edison ignoró todas las críticas y continuó. Se escuchó a sí mismo y no a los demás.
¿Te imaginas cómo sería el mundo, si ante cualquier error o crítica, todos los inventores y científicos hubieran dejado sus proyectos sin terminar?

El fracaso es parte esencial del éxito.
Cada fracaso es una oportunidad para aprender y corregir.
Lo importante no es cómo te caes, sino cómo te levantas.

Os dejo un vídeo que me ha gustado mucho.
Yo ya he esculpido mi "pastilla de jabón". ¿A qué esperas para esculpir tú la tuya?

Venga 
¡¡¡¡Levántate!!!!


video



viernes, 11 de enero de 2013

IRSE DE LA VIDA DEJANDO PALABRAS


Hace poco recordaba a David Foster Wallace, el célebre escritor americano que se quitó la vida ahorcándose en el patio de su casa. Cuando su mujer lo encontró también halló su nota de suicidio: "Estoy cansado. Basta de palabras".

Siempre se ha dicho que el suicidio es un riesgo profesional de los escritores. 

La poetisa Safo de Mitilene se arrojó al mar por un amor no correspondido. También al mar, pero al mar de Plata se tiró Alfonsina Storni, después de que se le diagnosticara un cáncer.

En 1932, cuando se encontraba realizando en barco el viaje de vuelta desde México a Nueva York, a Hart Crane la tripulación le pegó una paliza por ser homosexual. Convencido definitivamente de que no podría ser feliz, se arrojó desde la borda del barco delante de decenas de testigos gritando: "¡Adiós a todos!".




En la última hora recordarás
con una sola sonrisa, amigos, enemigos.
Alma vana ¿Qué dirás al mar, al viento?
¿Qué dirás, angosto corazón frente a la pálida puesta de sol?

El autor de estos versos fue Kostas Karyotakis, que se lanzó al Mediterráneo con intención de no salir vivo. Tras pasar diez horas luchando por ahogarse, la marea lo devolvió sano y salvo a orillas de Prévesa (Grecia). Se fue a su casa, se duchó, desayunó y se fue a comprar una pistola. Se sentó a la sombra de un eucalipto y se pegó un tiro en el corazón. Tenía treinta y dos años y una amante poeta y futura suicida: María Poliduri.


Cesare Pavese tenía cuarenta y dos años cuando se quitó la vida en un sórdido hostal de Turín con dieciséis frascos de barbitúricos. En su cuaderno de notas dejó escrito: "Todo esto da asco, apesta. Sin palabras. Un gesto. No escribiré más". Mucho antes, en uno de sus exitosos libros había apuntado algo definitivo: "Ya no siento la vida como un descubrimiento..." 

El poeta colombiano José Asunción Silva, antes de apretar el gatillo, le pidió a un amigo médico que le perfilara con un lápiz el corazón en su camisa blanca. Por la tarde, colocó una esponja al costado de su frac, para evitar que la sangre le manchara la pechera.

Las últimas palabras que Gerald de Nerval escribió las dedicó a su tía: "No me esperen. Esta noche será blanca y negra". Después se ahorcó de una farola en una desolada calle de París. Llevaba el sombrero puesto. El cordón con el que perpetró el acto, había sido exhibido días atrás a sus amigos: "ha sido de la reina de Saba".

Henri Roorda necesitaba vivir con embriaguez. Terminó su obra Mi suicidio poco antes de matarse. Dejó escrito: "Amo enormemente la vida. Pero para gozar este espectáculo hay que ocupar una buena butaca, y en la tierra, la mayoría de las butacas son malas".

El autor de origen polaco Jerzy Kossinski, se metió en la bañera con gran cantidad de barbitúricos y una bolsa de supermercado que puso alrededor de su cabeza. Su nota de suicidio decía así: "Voy a dormir ahora un rato más largo del usual. Llamemos a ese rato Eternidad".

Yukio Mishima, se practicó el seppuku (harakiri), el trágico ceremonial de autoinmolación de los samurais, por amor al emperador de Japón en 1970.

Y Emilio Salgari, el creador de mis novelas de infancia Sandokan y El corsario negro, también se abrió el vientre con un cuchillo.

Pero de entre todos estos casos, hay uno que me impresiona, el del escritor suizo Robert Walser. De niño fingió su suicidio. El montaje de aquello fue una verdadera puesta en escena, tan real que los familiares lo creyeron y cayeron en la desesperación. Ésta fue la primera ficción que inventa el escritor, antes de querer convertirse en fallido actor.
Su suicidio verdadero tuvo lugar entre la nieve, cerca del manicomio donde estuvo internado una buena parte de su vida, en Herisau, capital del cantón de Appenzell. Walser tenía setenta y ocho años y murió el veinticinco de diciembre después de caminar solo por la nieve. En la foto final, el escritor es hallado muerto. Las huellas negras de sus pisadas contrastan con la nieve blanca. Alguien fotografió esa pose fatal que parece una muerte fingida, escenográfica, como aquél suicidio que montó en su infancia. Le encontraron en medio de espléndidos abetos cubiertos de nieve. Ya lo había escrito treinta y siete años atrás en Una historia navideña: "Ojalá me dejara cubrir por la nieve y yaciera sepultado en ella y muriese dulcemente".
Sobre su suicidio escribió: "Los niños enfermos o extraviados son más valorados que los que se saben seguros".

¿Por qué se matan los escritores?
Quizá porque les es dado ver la trastienda de la vida.
Tal como decía Albert Camus: "el suicidio es algo planeado en el silencio del corazón, igual que una obra de arte..."
Hay una alternativa al suicidio de los escritores. Yo lo practico: sacrifico a mis personajes, tal como hacía Shakespeare en sus obras.
Para todos aquellos que no tengáis personajes que sacrificar y que no viváis una vida de ficción, siempre os queda el personaje que sois cada uno de vosotros. Ese personaje que representáis en vuestro trabajo y con el que no os sentís cómodos.
Si no nos gusta ese personaje, ¡asesinarlo! Planear cuidadosamente su suicidio y dejar que la persona ocupe todo el espacio. Yo lo hice ocho años atrás.
Si no sois felices, no esperéis más: matad al personaje o cambiadlo por otro con el que os sintáis identificados.
Pero no penséis en iros antes de tiempo. Que perviva la persona, que siempre hay otro día, y otro sol.
Las nubes negras siempre desaparecen tras la tormenta y todos los fantasmas y todos los abismos terminan por desaparecer.
Siempre hay luz al final del túnel. Siempre.

Vivir el presente, no planear el futuro, tal como apuntó Borges:

el hoy es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno...

Hagamos nuestro propio Cielo en esta Tierra en la que estamos condenados a vivir como peces en la pecera. Pero recordad, siempre hay peceras más bonitas que otras...
Y lo mejor ¡está siempre por llegar!