martes, 19 de junio de 2012

POLVO DE PLANETA



No hace falta usar los ojos para mirar a los astros y constelaciones del Universo, basta con vernos por dentro con los ojos del corazón: el hombre está hecho de polvo de estrellas.
Igual que sentimos cómo tiemblan los álamos cuando se estremecen en la oscuridad, o la delicada telaraña de voces en el aire diáfano, podemos mirar dentro y percibir como palpitan los planetas arriba, más allá del cielo: el laberinto de dunas rojas de Marte, la serena belleza de la luna, la música de Saturno y sus anillos, el doble amanecer de Mercurio, los colores del hielo en Urano, Neptuno y sus azules, las colinas de la brillante Venus, el collar de satélites de Júpiter, el amo de la corona de fuego, que es el Sol, el menguante Plutón y su hijo Caronte, el bibelot de vida que es la Tierra.
En el principio no había nada, ni siquiera oscuridad, un vacío inmenso se extendía hasta que de la gran explosión nacieron las estrellas y los planetas, como los cristales de un copo de nieve que flota en el viento.
El Universo preparó nuestra llegada: estamos hechos de partículas eternas, somos polvo de estrellas.
La química de nuestros cuerpos existe en todo el Cosmos.
Sabemos que aunque muramos, no moriremos del todo, porque formamos parte de algo mayor.
El Universo existe para que nosotros podamos existir y es tan grande porque sólo así podríamos estar nosotros.
Una vez le preguntaron al astronauta que llegó a la luna cómo veía la Tierra desde allí: frágil, dijo.
Habitamos un mundo frágil y nosotros poseemos esa levedad, pero en nuestro corazón anidan las estrellas, igual que también hay algo de nosotros en ellas, algo efímero y evocador que nos hace sentir fuertes.
Somos las estrellas mirando a las estrellas.
Os digo que aunque el sol aniquile dentro de millones de años el cuerpo rocoso de nuestra tierra, no importará porque el hombre ya habrá conquistado el suelo rojo de Marte o los perpetuos hielos de Urano, o Saturno y sus anillos, o quizá el planeta más grande de todos, el que contiene a todos, ese astro diminuto y gigante al que muchos llaman alma.

Todo se acabará algún día, y la señora que se llama muerte vendrá a cobrarnos el tributo de la vida y a la tierra volveremos convertidos en polvo, 
pero no os preocupéis, amigos,
será polvo de planeta.






2 comentarios:

  1. Será polvo de corazón, Paloma, palpitante como la vida que se reinventa y congratula de cada creación, de cada instante; de cada impulso en la expansión constante.
    En este Universo, como dices, nos hacemos grandes. Con él crecemos mientras se expande porque lo llevamos dentro, palpitante en el corazón.

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  2. Qué vértigo da, Paloma, pensar en el universo, y qué pequeñitos e insignificantes parecemos; aunque también parece ser que todo surgió de un mismo origen, el big bang, así que todo está vinculado, nosotros incluidos, con el mundo (¡y mundos!) que nos rodean...Y aunque todo termine un día, que sea lo más tarde posible, y mientras tanto ¡cuidemos nuestra Tierra! Un beso, guapa, S.

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