viernes, 20 de diciembre de 2013

Volver a ser un niño...

Recuerdo las navidades en casa de mis padres, los ritos, los dulces, la ilusión...
Mis sueños...
Todo aquello en lo que quería convertirme cuando fuera mayor (cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, contestaba: "pequeña").
Las ilusiones estaban intactas, la vida aún no las había desgastado.
Ahora, la Navidad es distinta. Nos sorprende en medio de las obligaciones diarias y nos obliga, casi con un empujón, a hacerle un hueco en medio de nuestras tareas que siempre parecen las más importantes.
No tenemos tiempo para pensar en nosotros, en lo que fuimos, en lo que queríamos ser, en lo que nos hemos convertido.
Bohumil Habral
La niñez es un angosto pasillo oscuro al que miramos desde lejos, pero ya no podemos recorrer.
Hace poco vi un mural callejero. Había una figura en él: un niño, encerrado en el cuerpo de un anciano. Era el gran escritor checo Bohumil Habral. A su lado una frase que nos habla de ese mundo perdido, que ahora ya es horizonte pasado: 

"Estoy de pie aquí, la frente coronada de mil arrugas, estoy aquí de pie, como un viejo San Bernardo, y yo miro a la lejanía, muy lejos, hasta el confín de mi infancia..."

¿Por qué será que la infancia ejerce ese mágico influjo sobre nosotros?
El autor de El Principito, Antoine Saint-Exúpery, nunca dejó de ser un niño. Aquél "principito" expulsado de su infancia, escribió cosas como estas: 

"Retrocedía hasta mi infancia para encontrar el recuerdo de una protección soberana. La protección no existe para los hombres. Una vez hombres, se nos deja solos."

¡Qué gran verdad! Se nos deja solos.
Ya no están tus padres tapándote antes de dormir, ni ocupándose de protegerte de la vacuidad del mundo. Ya no hay nadie que se preocupe de qué comerán los camellos de los tres Reyes Magos cuando lleguen a ponerte los regalos...
Mi madre y yo

Debe ser cierto que en cada hombre hay un principito exilado de su planeta: la infancia, ese gran territorio de donde cada uno hemos salido. Una vez hombres, rodeamos por fuera el jardín amurallado de nuestra infancia, con la certeza de que jamás podremos saltar esa valla enorme y entrar de nuevo en ese infinito de horas y días de veranos eternos y sueños por cumplir. Ya no podemos entrar en el juego.
El Principito del cuento conservaba aún el secreto para volver a entrar, es por ello que pudo regresar a su planeta para cuidar a su rosa.
Aquí, ahora, ya hechos hombres, estamos inmersos en el día a día y hemos olvidado los juegos y los sueños.
Pero aquí, ahora, en esta Navidad podemos regresar de nuevo al juego.
Sólo tenemos que escuchar a  nuestro corazón, sin traicionar al niño que fuimos, al hombre en el que queremos convertirnos.
Dejemos a un lado el dinero, no seamos como el poseedor de estrellas que conoció el Principito:

- ¿Y de qué te sirve poseer las estrellas?
- Me sirve para ser rico.
- ¿Y de qué te sirve ser rico?
- Me sirve para comprar más estrellas.

Escuchemos a nuestro corazón y sepamos si estamos en el camino correcto para no defraudar al niño que se esconde en nosotros. ¿Estamos siguiendo nuestra vocación? ¿Hemos cumplido nuestros sueños o los hemos aparcado, abandonado? ¿Sabemos lo que buscamos?

"Únicamente los niños saben lo que buscan. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran..."

Volvamos a ser niños, volvamos a tener ilusiones, regresemos, aunque sea sólo por un instante navideño a nuestra infancia cuando los sueños estaban intactos y preguntémonos si aquello a lo que nos queríamos dedicar cuando éramos pequeños, es a lo que nos estamos dedicando ahora.
Con seis años apunté en mi diario que quería ser escritora...

¡Feliz Navidad! y ¡Feliz Regreso!


lunes, 30 de septiembre de 2013

Autumn Song

Ha llegado el otoño y con él los días más cortos, las noches más largas, el frío, la lluvia, las pisadas entre las hojas vencidas... 

El poeta Ángel González lo describe muy bien en su poema El otoño se acerca:

El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.
                               
                                                           


El nombre otoño proviene del dios egipcio Atum-Ra, que simboliza el sol que se oculta en la tierra. Este dios, relacionado con la creación, era representado en la iconografía, como un hombre que portaba la doble corona (como los faraones), aunque también era habitual que se le presentara como un ave fénix.

El otoño representa la madurez. Las hojas de los árboles cambian y su color verde se vuelve amarillento, se secan y caen ayudadas por el viento que sopla con mayor fuerza. 

Como diría Pablo Neruda pasó la hora de las espigas, el sol ahora convalece, atrás queda el calor, la luz, el cálido sopor de los días sin fin, pero necesitamos el otoño.

Necesitamos hacer planes y recogernos en nuestros pensamientos para poder sembrar.
Necesitamos aprender que el sol siempre está ahí, detrás de las nubes, detrás de la lluvia, en nuestro interior, y que como el dios egipcio, como el ave fénix, precisamos renacer, porque el subsistir siempre en la luz, nos impide conocer las sombras en las que crecemos.

Aprovechemos el otoño, para hacer planes, para luchar por nuestros sueños, para renovarnos por dentro y por fuera, para amar y volver a hacerlo, para encontrarnos de verdad con nosotros mismos y así poder enfrentar nuestra propia vida, sin artificios, ni multitudes, sólo nosotros, nosotros solos...

Hagamos como Mario Benedetti:

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
enfrentemos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran

ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda

aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha


Mi madre cantaba siempre al verano, porque su corazón era de luz, pero aprendió a amar el cálido sol de membrillo del otoño, ese sol que no quema, que no agosta y que te calienta el interior.

Calentémonos en ese sol y renazcamos y cantemos al otoño como hacen Manic Street Preachers en su Autumn Song:




   Así que cuando oigas ésta canción de otoño, despeja tu cabeza, y prepárate para correr. 
 Cuando oigas ésta canción de otoño, 
recuerda que los mejores momentos estarán por llegar 




domingo, 7 de abril de 2013

EL EFECTO LOTO



Según la mitología griega, una hermosa diosa huyó al bosque y fue a parar a un extraño lugar. Allí los árboles extendían sus frondosas ramas hacía un profundo marjal de aguas oscuras. 
La diosa se miró en el lago y cayó en él. Se hundió. 
El estanque se llamaba Loto y era el lugar destinado para los fracasados y perdedores en la vida.

La diosa estuvo durante siglos hundida, sumergida entre el fango de la oscuridad estigiana.
Sus pensamientos se volvieron también opacos, pero nunca dejó de luchar.
La joven diosa luchó durante siglos y al fin logró salir de aquellas aguas en forma de una hermosa flor de largos pétalos.

La flor de loto ha sido un símbolo de renacimiento en diferentes culturas. Para los egipcios, esta flor está ligada al amanecer y ocaso del sol, ya que sus pétalos sólo se abren cuando sale el sol y se cierran cuando oscurece. Representa el renacimiento después de haber superado los obstáculos. Los egipcios la llamaban sesen.

El loto también es símbolo del nacimiento divino para los hindúes. El dios Brahma emerge del ombligo de Vishnú, sentado sobre una flor de loto, para crear el universo.
Los japoneses la consideran una imagen de moralidad. 
Porque la flor de loto nace entre el barro para abrirse pura y perfecta cada mañana. El fango no logra tocarla, no consigue "mancharla". Sus hojas repelen el agua. La superficie de la flor de loto está organizada a nivel nanométrico, de tal manera que repele cualquier tipo de líquido, evitando su adhesión. 

¿Por qué no aprendemos de la flor de loto?
Vivimos entre agua estancada. Estamos rodeados de personas que no paran de decirnos que es imposible salir de la crisis, y el fango cubre nuestros sueños, nuestras ilusiones. Nos sentimos perdedores en un lago profundo, de donde cada vez es más difícil salir.
Yo os propongo que practiquemos el efecto loto. No dejemos que la oscuridad nos toque. 

Que todo aquello que nos impide avanzar resbale por nosotros como si nunca hubiera existido. 
Que nos blindemos ante la adversidad, como hace el loto.
No podemos evitar estar en las aguas estancadas de la crisis, pero no consintamos que eso toque nuestra pasión por seguir. 
Renazcamos cada día. Hagamos de cada día una oportunidad para seguir aprendiendo, para seguir creciendo.
La flor loto nace de entre el barro para abrirse pura y perfecta. Hagamos nosotros lo mismo. 
Vivamos como un loto en el agua. Cultivemos el efecto loto.
Así como la flor de loto se abre paso desde el fondo de la oscuridad del estanque, también nosotros podemos elevarnos desde el desánimo y la tristeza. Liberarnos de la corriente tenebrosa de las personas tóxicas, de la gente que no quiere que avancemos, de nuestros propios pensamientos limitantes. Alcanzar el renacimiento cada día y emerger puros e inocentes, con todas nuestras ilusiones intactas. 
Luchemos, como la diosa griega, incansablemente contra el fracaso, aprendamos de él y superémoslo.
Somos lo que pensamos que somos.
Sed loto, merece la pena.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Venga ¡LEVÁNTATE!



"Un hombre subió al cielo. A la vuelta contó que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo: somos un montón de gente, un mar de fuegos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales: hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fatuos, no alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca a ellos 
se enciende".

En este texto se encuentra la filosofía de la resiliencia.

Todos nosotros tenemos dentro una gran luz, un gran potencial para desarrollarnos, pero a veces nos dejamos abatir por las dificultades o por las opiniones ajenas.

La resiliencia es "la capacidad de un individuo de reaccionar y recuperarse ante las adversidades, lo que implica un conjunto de cualidades que fomentan un proceso de adaptación exitosa y de transformación, a pesar de los riesgos y de la propia adversidad ".

La resiliencia es un concepto que nace originalmente es del campo de la física: es la capacidad de los materiales de volver a su forma original, cuando han sido forzados a cambiar o deformarse.
También encuentra su inspiración en el cuento de Cristian Andersen “El patito feo”.
Aquél patito, inicialmente despreciado por otras aves, llegó a convertirse en un bello cisne.

Algunas de las mejores historias de éxito de todos los tiempos tuvieron  el nacimiento y la razón de su éxito en el fracaso.


El diagnóstico escolar que dieron a Einstein fue singular: “muchacho mal adaptado, sin amigos, alumno problema, este chico va a tener serios trastornos mentales cuando sea adulto”.


El padre de Charles Chaplin murió alcohólico. Su hijo fue criado en una institución para niños pobres. Todo el mundo le decía que no llegaría a nada, pero se convirtió en un excelente actor y director de cine. 

Beethoven componía música a pesar de su sordera. 

Ana Frank, la niña judía de doce años condenada a vivir oculta en su casa de Amsterdam para escapar de los nazis, escribió un diario donde aparecen expresiones como “yo puedo”, “yo podré alcanzar”, “quien tiene coraje y confianza no zozobrará jamás en la angustia”.


Howard Schultz fue rechazado 214 veces antes de encontrar un inversionista interesado en Starbucks.

La Universidad del Sur de California rechazó a Steven Spielberg para su escuela de cine.

La autora de Harry Potter enfrentó pobreza y enfermedad antes de encontrar el éxito, experiencias que según los expertos la impulsaron a llegar a la cima gracias a su creatividad. Entre 1990 y 1996, Rowling presentó su escrito a 12 casas editoriales sin ningún éxito.

Disney trabajaba en un Diario, y el director lo despidió por ¡falta de ideas, de creatividad, de imaginación! También quebró varias veces antes de poder construir Disneylandia.

En 1954 Jimmy Denny, manager del Grand Ole Opry, echó a Elvis Presley después de una actuación. Le dijo: "No vas a llegar a ninguna parte, hijo. Deberías volver a manejar un camión."

Palabras de Michael Jordan: “He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para hacer el tiro que ganaba el juego y lo fallé. He fallado una y otra vez. Pero nunca me he dado por vencido. Y es por eso que he tenido éxito en la vida.”

El miedo puede limitarnos, pero el miedo al fracaso nos inmoviliza.
Pensamos que el éxito y el fracaso son los dos elementos que nos califican como personas: si tengo éxito soy una persona valiosa, si fracaso, no valgo nada y la gente me va a criticar o rechazar.

El éxito y el fracaso son sólo resultados de una conducta o una decisión adecuada o inadecuada, correcta o incorrecta.

"Fracasar”, etimológicamente, significa “hacerse pedazos” (como “fraccionar”). Y cada vez que uno, como el dios egipcio Osiris, recoge luego sus pedazos, tiene la oportunidad de elegir con cuál de ellos quedarse. De descartar lo que no nos sirve para ser quienes necesitamos ser. El fracaso nos muestra lo accesorio, lo inútil, lo mal aprendido, lo que tergiversa nuestra identidad.

La palabra “éxito” significa “salida”. Pero el éxito mayor es salir de nuestros fracasos siendo mejores personas. Mirar de frente y sentirse digno porque se hizo del fracaso una oportunidad de acrecentar nuestra fortaleza. Ser resilientes.

Edison falló 10.000 veces antes de haber logrado el filamento de carbón, que se utiliza en los focos de luz. Un reportero le preguntó, después del intento número 5.000, si se sentía desalentado.
Edison contestó que no había fallado 5.000 veces, sino que había triunfado al determinar 5.000 maneras en las cuales no funcionaba.
"Lo que significa, comentó, que me encuentro 5.000 pasos más cerca de descubrir cómo hacerlo funcionar".
Los científicos más importantes de ese momento, escribían artículos en donde opinaban que Edison perdía su tiempo. Pero Edison ignoró todas las críticas y continuó. Se escuchó a sí mismo y no a los demás.
¿Te imaginas cómo sería el mundo, si ante cualquier error o crítica, todos los inventores y científicos hubieran dejado sus proyectos sin terminar?

El fracaso es parte esencial del éxito.
Cada fracaso es una oportunidad para aprender y corregir.
Lo importante no es cómo te caes, sino cómo te levantas.

Os dejo un vídeo que me ha gustado mucho.
Yo ya he esculpido mi "pastilla de jabón". ¿A qué esperas para esculpir tú la tuya?

Venga 
¡¡¡¡Levántate!!!!






viernes, 11 de enero de 2013

IRSE DE LA VIDA DEJANDO PALABRAS


Hace poco recordaba a David Foster Wallace, el célebre escritor americano que se quitó la vida ahorcándose en el patio de su casa. Cuando su mujer lo encontró también halló su nota de suicidio: "Estoy cansado. Basta de palabras".

Siempre se ha dicho que el suicidio es un riesgo profesional de los escritores. 

La poetisa Safo de Mitilene se arrojó al mar por un amor no correspondido. También al mar, pero al mar de Plata se tiró Alfonsina Storni, después de que se le diagnosticara un cáncer.

En 1932, cuando se encontraba realizando en barco el viaje de vuelta desde México a Nueva York, a Hart Crane la tripulación le pegó una paliza por ser homosexual. Convencido definitivamente de que no podría ser feliz, se arrojó desde la borda del barco delante de decenas de testigos gritando: "¡Adiós a todos!".




En la última hora recordarás
con una sola sonrisa, amigos, enemigos.
Alma vana ¿Qué dirás al mar, al viento?
¿Qué dirás, angosto corazón frente a la pálida puesta de sol?

El autor de estos versos fue Kostas Karyotakis, que se lanzó al Mediterráneo con intención de no salir vivo. Tras pasar diez horas luchando por ahogarse, la marea lo devolvió sano y salvo a orillas de Prévesa (Grecia). Se fue a su casa, se duchó, desayunó y se fue a comprar una pistola. Se sentó a la sombra de un eucalipto y se pegó un tiro en el corazón. Tenía treinta y dos años y una amante poeta y futura suicida: María Poliduri.


Cesare Pavese tenía cuarenta y dos años cuando se quitó la vida en un sórdido hostal de Turín con dieciséis frascos de barbitúricos. En su cuaderno de notas dejó escrito: "Todo esto da asco, apesta. Sin palabras. Un gesto. No escribiré más". Mucho antes, en uno de sus exitosos libros había apuntado algo definitivo: "Ya no siento la vida como un descubrimiento..." 

El poeta colombiano José Asunción Silva, antes de apretar el gatillo, le pidió a un amigo médico que le perfilara con un lápiz el corazón en su camisa blanca. Por la tarde, colocó una esponja al costado de su frac, para evitar que la sangre le manchara la pechera.

Las últimas palabras que Gerald de Nerval escribió las dedicó a su tía: "No me esperen. Esta noche será blanca y negra". Después se ahorcó de una farola en una desolada calle de París. Llevaba el sombrero puesto. El cordón con el que perpetró el acto, había sido exhibido días atrás a sus amigos: "ha sido de la reina de Saba".

Henri Roorda necesitaba vivir con embriaguez. Terminó su obra Mi suicidio poco antes de matarse. Dejó escrito: "Amo enormemente la vida. Pero para gozar este espectáculo hay que ocupar una buena butaca, y en la tierra, la mayoría de las butacas son malas".

El autor de origen polaco Jerzy Kossinski, se metió en la bañera con gran cantidad de barbitúricos y una bolsa de supermercado que puso alrededor de su cabeza. Su nota de suicidio decía así: "Voy a dormir ahora un rato más largo del usual. Llamemos a ese rato Eternidad".

Yukio Mishima, se practicó el seppuku (harakiri), el trágico ceremonial de autoinmolación de los samurais, por amor al emperador de Japón en 1970.

Y Emilio Salgari, el creador de mis novelas de infancia Sandokan y El corsario negro, también se abrió el vientre con un cuchillo.

Pero de entre todos estos casos, hay uno que me impresiona, el del escritor suizo Robert Walser. De niño fingió su suicidio. El montaje de aquello fue una verdadera puesta en escena, tan real que los familiares lo creyeron y cayeron en la desesperación. Ésta fue la primera ficción que inventa el escritor, antes de querer convertirse en fallido actor.
Su suicidio verdadero tuvo lugar entre la nieve, cerca del manicomio donde estuvo internado una buena parte de su vida, en Herisau, capital del cantón de Appenzell. Walser tenía setenta y ocho años y murió el veinticinco de diciembre después de caminar solo por la nieve. En la foto final, el escritor es hallado muerto. Las huellas negras de sus pisadas contrastan con la nieve blanca. Alguien fotografió esa pose fatal que parece una muerte fingida, escenográfica, como aquél suicidio que montó en su infancia. Le encontraron en medio de espléndidos abetos cubiertos de nieve. Ya lo había escrito treinta y siete años atrás en Una historia navideña: "Ojalá me dejara cubrir por la nieve y yaciera sepultado en ella y muriese dulcemente".
Sobre su suicidio escribió: "Los niños enfermos o extraviados son más valorados que los que se saben seguros".

¿Por qué se matan los escritores?
Quizá porque les es dado ver la trastienda de la vida.
Tal como decía Albert Camus: "el suicidio es algo planeado en el silencio del corazón, igual que una obra de arte..."
Hay una alternativa al suicidio de los escritores. Yo lo practico: sacrifico a mis personajes, tal como hacía Shakespeare en sus obras.
Para todos aquellos que no tengáis personajes que sacrificar y que no viváis una vida de ficción, siempre os queda el personaje que sois cada uno de vosotros. Ese personaje que representáis en vuestro trabajo y con el que no os sentís cómodos.
Si no nos gusta ese personaje, ¡asesinarlo! Planear cuidadosamente su suicidio y dejar que la persona ocupe todo el espacio. Yo lo hice ocho años atrás.
Si no sois felices, no esperéis más: matad al personaje o cambiadlo por otro con el que os sintáis identificados.
Pero no penséis en iros antes de tiempo. Que perviva la persona, que siempre hay otro día, y otro sol.
Las nubes negras siempre desaparecen tras la tormenta y todos los fantasmas y todos los abismos terminan por desaparecer.
Siempre hay luz al final del túnel. Siempre.

Vivir el presente, no planear el futuro, tal como apuntó Borges:

el hoy es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno...

Hagamos nuestro propio Cielo en esta Tierra en la que estamos condenados a vivir como peces en la pecera. Pero recordad, siempre hay peceras más bonitas que otras...
Y lo mejor ¡está siempre por llegar!