viernes, 17 de marzo de 2017

Seres de luz

Hace poco, en mi programa de radio Rock and Talent, en Capital Radio, tuve el placer de entrevistar a tres seres de luz: Manuel Urea, Verónica Alcanda y Eladio Valencia.

Tres seres no exentos de cicatrices, porque como ya dijo el poeta sufí Rumi: "la cicatriz es el lugar por donde entra la luz".

Entre las personas oscuras y tóxicas, que a veces nos rodean, destacan los seres de luz.

Un ser de luz es generoso con su tiempo, con su conocimiento, ese que comparte alegremente con los demás. Aunque apasionado, en su alma no arde la llama, sino que brilla la luz.
Practica el arte de la compasión, porque sabe que cualquier persona vista por ese prisma merece ser amada.
Ama y se ama a si mismo y expande ese amor iluminando la vida de los otros como una antorcha en la oscuridad.
Un ser de luz es puro e inocente, porque aún lleva dentro de su alma los sueños que anhelaba conseguir cuando era niño.
Cree en la gente porque sabe que todos estamos conectados por invisibles lazos, sólo percibidos por los ojos del corazón.

Me gustan los seres de luz. Cada día intento ser uno de ellos y cumplir los preceptos que me enseñó Rumi:


Sé generoso como un río a la hora de ayudar a otros.
Sé compasivo siempre como el sol que te acaricia en primavera.
Sé como la noche que todo lo cubre cuando adviertas algún error en los demás.
Sé como la muerte que todo lo borra ante el enojo y la cólera.
Sé modesto y humilde siempre como la tierra que te acoge.
Sé tolerante en toda circunstancia como el océano que todo lo abraza.
Muéstrate como eres y sé como te muestras.
Conviértete en nieve que se derrite: Límpiate de ti mismo.

Y recuerda que no eres una gota contenida en el océano: eres todo el océano contenido en una gota....


Hace tiempo leí el Manual del Guerrero de la Luz de Paulo Coelho y quiero compartir algo contigo:
 
Un guerrero de la luz comparte con los otros lo que sabe del camino.
Quien ayuda, siempre es ayudado, y tiene que enseñar lo que aprendió.
Por eso, él se sienta alrededor de la hoguera y cuenta como le fue en su día de lucha.
Un a
migo le susurra: ¿Por qué revelas tan abiertamente tu estrategia?
¿No ves que actuando así corres el riesgo de tener que compartir tus conquistas con los otros?
El guerrero se limita a sonreír, sin responder.
Sabe que si llegara al final de la jornada a un paraíso vacío, su lucha no habría valido la pena.


Pensamos que cada día debemos ponernos la armadura de guerrero para librar nuestras batallas fuera, pero la verdad es que la batalla más dura de todas, siempre se libra dentro de nosotros mismos y es una batalla que viene desde muy atrás, desde el mismo momento en que nacemos.
En esa batalla cada día se pone a prueba nuestra alma, porque todo aquello que pensamos y hacemos tiene su eco en la eternidad.

Rodéate de seres de luz, sé uno de ellos: sé un guerrero de la luz.
Y recuerda que sólo hay dos formas de difundir la luz: ser vela o el espejo que la refleja...
Tú eliges!